Segundo libro de un ácrata tardío y remolón, de un rebelde camino de los sesenta años que a su debido tiempo no pudo serlo, las condiciones eran poco propicias, te llenaban la cara de guantazos y el expediente de puntos negros y aquel Mayo del 68 quedaba lejos de Cuenca. Nunca es tarde si la democracia no es lo buena que debiera y la rebeldía coherente. Me conformo con que un par de jóvenes lean el libro, aunque sea por Internet. Ya el colmo de la satisfacción sería verlo en un top-manta. Siempre será mejor que nos denuncien por desacato a que nos maten por desencanto. Que lo hacen.